Femme Fatale








Sentado entre las gradas divisó a su ángel negro por primera vez. Solía decir que fueron su paso seguro y su imponente figura los que le hicieron perder la cabeza. Y nosotros bromeábamos acerca de su pasión desbocada, propia de un culebrón. La misma que lo llevó a apostar por ella y sólo ella. Sin importarle irse a la bancarrota ni las súplicas de su mujer. A sus hijas en cambio les gustó desde el primer día en las carreras y deseaban por encima de todo poder cepillarle las negras crines.

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