Sucedió durante uno de mis paseos
vespertinos de un domingo cualquiera. De
la misma forma que un alma solitaria de avanzada edad que saca a pasear sus
anhelos del pasado. Sin el empuje que da la juventud si no ese otro de su
chihuahua persiguiendo a las gaviotas. Así me dejé conducir yo por vía
Esperanza. Sufría el efecto que produce haber abortado dos de mis prometedores
cuentos aquella misma mañana. Paparruchas existenciales, como diría mi editor. Procedí
entonces a la aniquilación de la obra con el mismo ensañamiento que nos hace
arrancar de un tirón el papel pared pasado de moda. Y con esas me eché a la
calle.
Mientras paseaba mi duelo
literario, la providencia me brindó la posibilidad de dejarme atropellar por
los aires despechados de un Smart negro. Salté a tiempo al otro extremo de la
carretera. Cuerpo a tierra esperé en vano que el motor se detuviera y quizá una
mano amiga que me ayudase. Pero todo siguió su curso normal. El vehículo no se
detuvo hasta doblar la esquina. Me levanté como pude y aún a tiempo de ver salir
del mismo la fugaz silueta de unos tacones rojos. Sus pasos se perdieron en el
interior de un chalet.
Me quedé patidifuso. Atrás quedó mi
frustración de escritorcillo de tres al cuarto. Todos mis pensamientos estaban
ahora dirigidos a vengar el agravio sufrido. Aún así pasaría un buen rato hasta
que mi cuerpo se rindiese a las fuerzas de atracción que dirigen siempre
nuestros pasos al lugar menos indicado.
El timbre sonó cuatro veces, pero
la puerta no se abrió hasta pasados diez largos minutos. Frente a mí apareció
un hombre muy distinguido de mediana edad. Luego supe que se llamaba Agustín Prada
y que era cantante de ópera.
- Buenas tardes. Siento molestarle- dije con fingida
amabilidad- ¿podría hablar con la propietaria del coche?- proseguí mientras
señalaba al Smart negro aparcado justo en frente.
- Aquí dentro solo estoy yo ¿Sucede algo? - dijo
el aún desconocido.
Dudé por un momento. Lo que me
llevó a repasar mentalmente la secuencia de sucesos que me habían traído hasta
allí. Esperaba que en ése preciso instante, mi distinguido interlocutor se
diese cuenta de su despiste de no saber quién cohabita bajo su mismo techo y
llamase a viva voz a su esposa, hija, hermana o quien quiera que fuese la barbie
terrorista.
- Aparca algunas veces aquí pero no la conozco–titubeó
en cambio– quizá sea alguien que visita la residencia de ancianos–dijo señalando
en frente.
Miré al mentiroso detenidamente. Sólo
en ese momento reparé realmente en su apariencia física. No hablo de su aspecto
general que a primera vista era de lo más normal si no de ciertos detalles. Los
mismos que escaparon a mis ojos en un primer momento y ahora se me antojaban de
lo más siniestro: su camisa parecía haber sufrido un ataque epiléptico haciendo
desdoblarse el cuello y dispararse el tercer botón, su cuello enrojecido escondía
un arañazo y la mano derecha se posaba tratando quizás de ocultar el vendaje de
la mano izquierda.
Todas esas evidencias golpearon mi
imaginario de escritor de novela negra siempre oculto bajo un halo existencial de
medias verdades y eternas preguntas sin respuesta. Sufrí en ese momento una
especie de revelación. Pude resolver el misterio de los 10 minutos
transcurridos desde el sonido del timbre. Comprendí que no le habían bastado
para ocultar su crimen.
- Bien, preguntaré allí– dije refiriéndome a la
residencia de ancianos– ¿Podría utilizar su servicio? – pregunté fingiendo un
gesto de incontinencia.
Una mueca de disgusto mal
disimulada me señaló la tercera puerta a la derecha. Una vez echado el pestillo
interrogué inútilmente a los azulejos. Lejos de confirmar mi teoría, resultaron
ser de un blanco impoluto. Luego me escabullí al cuarto de en frente que
resultó ser una sala de estar. Un simple vistazo no me llamó la atención. Seguí
caminando hasta tropezar con el escandaloso color sangre de un único zapato de
tacón. Abandonado y semioculto. Parecía delatar con su sola presencia. Sentí un
escalofrío al pensar que uno de los dos, el zapato o yo, no debería encontrarse
allí. Mis manos se revolvieron en busca de mi teléfono. Pero ya era demasiado
tarde. El tenor me atacó por la espalda. Sus últimas palabras cantaban “maldito
paparazzi”, al tiempo que destrozaba mi celular. Solo unos segundos antes de
desplomarme vi aparecer en escena a la tercera en discordia. Iba ataviada
exclusivamente con una toalla de baño. Tuve tiempo de esbozar una sonrisa por
el descubrimiento que supuse, extra conyugal. Luego mi consciencia me traicionó a
causa de un golpe certero.
Por ahora seguiré en el hospital
unos días. Le he pedido a mi editor que me ponga las óperas de Agustín. Me
ayudan a concentrarme mientras discurro la forma más original de matar literariamente
a la mujer de tacones rojos.
Y mi editor sonríe el muy jodido.
Gracias, Araceli, por participar con este relato en EL TINTERO DE ORO. Un abrazo y suerte!!
ResponderEliminarGracias a ti David! Un abrazo :-)
EliminarCuando las musas desaparecen cualquier modo es válido para que te vuelvan a visitar,... jajajaja. Me ha encantado el método de este escritor,... al fin y al cabo ser arrollado por un smart negro conducido por una elegante señorita con zapatos rojo chanel de altísimos tacones no suele ocurrir todos los días.
ResponderEliminarMe ha encantado!
Me alegro que te haya gustado, Norte! Quise escribir una trama oscura pero al final me salió algo más tirando a cómico. Suerte!
EliminarMuy buen relato. Original y divertido. Mucha suerte en el Tintero.
ResponderEliminarGracias Marta por pasarte por aquí. Suerte a ti también !
EliminarLas apariencias engañan y a veces una mente demasiado suspicaz puede jugarnos malas pasadas. Unos días en el hospital son el precio a pagar por una buena historia, que a buen seguro surgirá de la mente del escritor. Original propuesta, Araceli. Suerte en el Tintero!
ResponderEliminarGracias Jorge. Suerte a ti también !
EliminarMuy bueno el relato , con un toque de humor negro .Las musas a veces hay que buscarlas en los sitios más recónditos para que nos ofrezcan una buena historia, y mira por donde tu protagonista al final tiró del hilo y gracias a ese smart negro la encontró.
ResponderEliminarUn abrazo Araceli. Suerte en el concurso
Puri
Gracias Puri ! Más le valía a mi protagonista no haber buscado tanto...mucha suerte a ti tambien!
EliminarHola Araceli, ¡qué aventura la del protagonista! del drama literario (por lo de los abortos y el asesinato de la obra) a ser atropellado y confundido con un paparazzi en la casa de un cantante de ópera. Y es que detrás de ese para de tacones siempre hay una historia que contar. Ahora el prota va a estar muy entretenido en el hospital para seguir con la saga de sus asesinatos. Muy ocurrente. Un abrazo compañera.
ResponderEliminarGracias Emerencia! Al principio iba a meter a nuestro prota en la cárcel y el relato iba a ser más sórdido ..pero al final le cogí cariño y solo lo mandé al hospital. Suerte en el tintero, compañera.
EliminarEsos son los peligros de creerse ser un Sherlock Holmes cuando no se llega a Clouseau. Un texto muy bueno, Araceli, que tengas mucha suerte en el concurso.
ResponderEliminarGracias Bruno por pasarte. Suerte a ti también !
Eliminar¡Hola Araceli!, me parece que es la primera vez que te leo. Me encanta el sarcasmo y humor negro de este relato, y las desventuras del escritorzuelo de tres al cuarto por culpa la ausencia de las Musas.
ResponderEliminarTambién es un plus que te hayas atrevido con la voz masculina haciéndola creíble.
Los diálogos conseguidos y naturales, (se escuchan). Hay equilibrio entre la parte narrada y dialogada. Si te es de ayuda, Araceli, la representación gráfica de los guiones de los diálogos son más largos (—)
Las descripciones detalladas, se ve lo que quieres representar, y además, habla de las dotes observadoras del sujeto de tu relato, (en su cabeza ya se estaba gestando una novela mientras ocurría los sucesos)
Me ha hecho gracia esos azulejos en blanco del baño a quien interroga y también me hizo sonreír lo de tu jodido editor, aunque me encantaría tener uno (un editor) por muy jodido que fuera.
Ingenio y humor.
Nos vemos en la Gala compañera.
Hola Tara! Es la segunda vez que participo en el Tintero así que es normal que mi cara no te suene :-)
EliminarTomo buena nota de tu consejo para los guiones. Y me alegra mucho poder haberte transmitido un poquito de ese humor tan negro que tenemos los gallegos. Un abrazo compañera!
Hola Araceli , vendo desde el tintero de oro. es la primera vez que leo algo tuyo . Has creado un buen relato con un final sorprendente por mandarlo al hospital en de al cementerio, después de ese ataque.¡Suerte en el tintero! Un abrazo.
ResponderEliminarGracias Mamen! Soy nueva por aquí pero espero ser tan constante como los que participáis cada edición de el Tintero sin falta. Un abrazo!
EliminarBuscando la inspiración, el escritor bloqueado se convirtió en el involuntario protagonista de una comedia de enredo y suspense donde las apariencias engañan, o quizás no tanto. Me gusta el planteamiento de tu historia, el emocionante nudo argumental y ese irónico desenlace. Imagino que, al final, el escritor logró escribir un potente relato, ingredientes no le faltan...Mucha Suerte en El Tintero. Un abrazo, Araceli.
ResponderEliminarGracias Paco. Me alegra que te haya gustado. Es un relato nacido en honor a todas las veces que las musas me abandonan. Un abrazo.
EliminarEl título del relato promete e ingredientes no le faltan a este relato de enredo, comedia y misterio.
ResponderEliminarMuy original.
Suerte en El Tintero
Gracias María Pilar. Nos vemos en la gala.
EliminarEl escritor sin inspiración es capaz de vender su alma al mismo diablo con tal de conseguirla. Encontró a su musa sobre unos zapatos de tacón rojos a cambio de ello, salió malparado pero feliz , pensando en su venganza literaria.
ResponderEliminarUn abrazo.
¡Hola Araceli! He llegado a tu blog a través del tintero de oro. Me ha encantado tu relato y he de decirte que la frase final me ha arrancado una sonrisa. Estoy con Bruno, con lo que mejor no hacer de detective sin experiencia. Aunque comprendo al protagonista, sobre todo por el mosqueo que tiene al principio. Espero que tengas mucha suerte en el concurso, ¡Un abrazo!
ResponderEliminarGracias Ramón. Me alegra que te haya gustado! Entiendo que la frase final te llegue especialmente a ti, como ilustrador y supongo conocedor, mejor que yo, del mundo editorial. Un abrazo compañero!
EliminarUn relato original y divertido. Ah, esas musas. Suerte en el tintero. Un placer
ResponderEliminarMientras las musas están de vacaciones, la realidad le aporta los ingredientes necesarios para confeccionar una buena historia, como tu relato. Me ha gustado mucho Saludos y suerte en el tintero
ResponderEliminar¡Pobre escritor! Si es que nuestras historias nos van a traer un disgusto el día menos pensado. Un relato dinámico y divertido. Mucha suerte en el Tintero. Un saludo.
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